Cuatro cantos-adivinanzas huitoto

publicado a la‎(s)‎ 26 jul. 2013 11:47 por Administrador Sociedad Bosquesina   [ actualizado el 28 oct. 2016 19:42 ]
Publicado en: Folia Amazónica (2007). Iquitos, IIAP, 16/1-2. 89-100.

Cuatro cantos-adivinanzas huitoto

Por: Jorge Gasché, IIAP/Pbio-Perú.[1]

Presentamos, comentamos e interpretamos en este artículo unos testimonios de la literatura oral del pueblo indígena amazónico Huitoto. Se trata de una clase de cantos que retan la capacidad cognoscitiva, retórica, especulativa – y moral – de un “dueño de fiesta” entre los Huitoto: los cantos-adivinanzas. Los acompañamos de una introducción que los sitúa en el contexto ritual de la sociedad huitoto, que es nuestro interlocutor y terreno de aprendizaje desde más de 30 años. Sin entrar en mayores debates científicos sobre el género discursivo de las adivinanzas y sus propiedades retóricas, nos limitamos a un estudio propiamente etnográfico y esperamos que la materia misma que exponemos ilustre la riqueza de asociaciones metafóricas y metonímicas como nos la revela un pensamiento amerindio, amazónico, no literato, ni esotérico, sino realista, competitivo y operativo en los intercambios materiales y discursivos ceremoniales.

 

Los Huitoto de la Amazonía colombiana y peruana tienen una clase de danzas cantadas que llaman eeikɨ, – término que los mismos Huitoto traducen por “adivinanza”. Mediante este tipo de canto, los bailarines invitados llaman a los “dueños de la fiesta” (rafue naanɨ) – los hombres del patrilinaje de la cabeza de los anfitriones (rafue naama) y sus allegados – a acercarse a su ronda y a adivinar a qué aluden las palabras del canto. Generalmente, los hombres más jóvenes ensayan los primeros a encontrar la solución. Cada vez que fallan, el líder de los cantantes bailarines sigue repitiendo el canto con el coro de sus acompañantes, añadiendo a veces unas palabras para indicar la pista hacia la solución. Pero en última instancia, el reto está planteado al dueño de la fiesta cuyo conocimiento está puesto a prueba y que tiene que comprobar que es un “verdadero padre”, por tener el conocimiento adecuado al papel de dueño de la fiesta. Éste, durante la preparación y la celebración de la fiesta, representa el Padre-Creador, el Padre de toda la humanidad, figurada entonces por todos los participantes en la fiesta llamados urukɨ, – un sustantivo colectivo pariente de urue “niño, niña”. El etnógrafo alemán Konrad Theodor Preuss, quien estuvo recolectando la mitología huitoto en Colombia en 1914, también anotó un comentario sobre la fiesta uuikɨ, “fiesta de la pelota”, en la cual se cantan las adivinanzas. Su informante dice lo siguiente sobre la función de ésta y de las adivinanzas:

“Para nosotros la pelota es algo sagrado, es parte de nuestra alma, aunque todo parezca un simple juego. La pelota nos fue entregada en el comienzo (por el padre creador). Gracias a ella vivimos. Si no existiera, la gente estaría triste. Gracias a ella estamos contentos. Durante la fiesta entonamos (colocamos, planteamos) los cantos eeikɨ. Son muy largos. Hacemos bailar a nuestros hijos así como el padre nos enseñó a bailar en el comienzo. Por esta razón, durante la fiesta uuikɨ se entonan los cantos eeikɨ. La persona que ofrece la fiesta es aclamada entre la gente. Si todo eso fuera olvidado, la gente estaría triste… Cuando traen uvas caimaronas (Pourouma cecropiaefolia) preguntan por el lugar donde se originó esa fruta y entonan los cantos eeikɨ. La gente viene a preguntarle al jefe la historia, para tener conocimiento de ella… Si no logra descifrar el canto, la gente se burla de él y dice: “No lo sabe.” – “¿Cómo es que no conoce el origen de la pelota y sin embargo organiza esta fiesta?” nos preguntamos. En cambio, si lo descifra, le creemos y estamos contentos.”… Cuando el jefe ha descifrado el canto eeikɨ, el grupo (de cantantes) se va. “El canto que presentaste ha sido descifrado.” – “El jefe es un gran sabedor, conoce la historia desde el comienzo, sabe mucho. Por eso organiza la fiesta uuikɨ. El dueño de esta maloca es un gran sabedor, por eso, él solo entiende el canto eeikɨ, pues no se cansa.”… Los cantos eeikɨ se entonan siempre en la noche…. Se celebra la fiesta sin disgustos, pues por la noche la gente baila y en el día se distrae jugando a la pelota (Preuss 1994, II: 722-4, 731, 734, 378).

 

En la fiesta uuikɨ , los invitados, de día, juegan en el patio delante la “maloca” – la gran casa plurifamiliar – con la pelota de caucho, llamada uuikɨ, tratando de mantenerla en el aire con las rodillas. Esta fiesta es parte de una de las varias “carreras ceremoniales” que distinguen los Huitoto y que se caracterizan por una curva ascendente, luego descendiente, en las prestaciones y cooperaciones ceremoniales, desde el momento en que un joven dueño de fiesta sucede a su padre y empieza con fiestas modestas hasta su fiesta de vejez, cuando, nuevamente, en una fiesta más modesta, trasmite, junto con su carrera, su nombre a su hijo y toma un nombre de viejo, pasando por el punto culminante de la madurez, en la que, gracias a sus numerosos hijos y aliados matrimoniales, es capaz de producir la mayor cantidad de yuca brava, yuca dulce, coca y tabaco que son los principales bienes con que debe pagar los servicios ceremoniales (cantos, instrumentos musicales, máscaras…) y los frutos, pescados o la carne traída por el gran número de invitados. La fiesta uuikɨ es celebrada cuando el dueño de la fiesta se encuentra en la cumbre de su carrera. A su inicio, en cambio, las fiestas que organiza se llaman lluakɨ y son de dimensiones modestas. Actualmente, la fiesta uuikɨ no se observa más en la práctica. Conocemos a un joven que ha heredado de esta carrera ceremonial, pero no la asume. Con su padre, en 1974, pudimos anotar unos discursos ceremoniales de su carrera que él nos dictó, pero nunca hemos asistido a la fiesta de la pelota. En cambio, la fiesta lluakɨ es de aquellas que se han conservado hasta nuestros días, precisamente, por tener exigencias modestas y poder ser celebrada por cualquiera que tenga producción hortícola y quiera compartirla en una diversión. Es la que menos prestigio tiene por haber sido entregada al hijo menor del Creador, mientras que las fiestas de la viga de baile (lladiko) y de la morona (o bambú) (sɨkɨi) han sido atribuidas al Padre e hijo mayor, respectivamente, al hijo segundogénito, por lo que son las más prestigiosas. Sus atributos son las grandes obras de madera que son, por un lado, la viga de baile (lladiko) de unos 12 metros de largo, cavada para su resonancia y tallada con las figuras de un caimán y de una cara de mujer, y, por el otro, el manguaré (juuaɨ, juuaraɨ) – los dos pesados tambores monóxilos, macho y hembra –, o las dos estatuas de madera (janaraɨ) del tamaño de una persona, también hombre y mujer, según las variaciones de la carrera de sɨkɨi. La pelota uuikɨ es el atributo más “liviano” de la carrera de este mismo nombre, y su confección exige mucho menos inversión de trabajo y cooperación que las mencionadas grandes obras de madera, cuya elaboración compromete una mano de obra numerosa dentro de relaciones de intercambio de prestaciones ceremoniales complejas.

 

Las carreras ceremoniales más prestigiosas de lladiko y de sɨkɨi se distinguen de la de lluakɨ  y uuikɨ por el tipo de intercambio ceremonial. En las fiestas de las primeras, los invitados traen carne fresca o ahumada a la maloca donde se celebra la fiesta; en las fiestas lluakɨ y uuikɨ, los invitados traen los frutos que el dueño de la fiesta les ha encargado, acompañados con pescado y, eventualmente – si la suerte les ha hecho encontrar animales en el bosque – carne ahumada. Por eso, la fiesta lluakɨ es llamada en castellano “fiesta de frutos”. En todas las fiestas, el dueño de la fiesta “paga” los aportes de los invitados con productos elaborados de la horticultura: casabe, tamales, maní (Arachis hypogaea), sacha-papa (Dioscorea sp.), piña (Ananas sativa). Caldo de yuca dulce (juiñoi), cahuana (jaɨgabɨ), de parte de las mujeres, coca (jiibie) y ampiri (llera), de parte de los hombres, deben ofrecerse a los invitados en abundancia. Todos los productos que ofrece el dueño de la fiesta han sido elaborados por las mujeres y hombres de la maloca (el patrilinaje y sus esposas) y por sus aliados matrimoniales que forman el grupo de los “trabajadores” (nakollae, nakonɨ), a los que el dueño de la fiesta re-distribuye los frutos, los pescados o la carne que ha recibido de los invitados.

 

K. Th. Preuss ha publicado en su obra sobre la mitología huitoto una serie de cantos adivinanzas en lengua huitoto con traducción, y el Museo etnográfico de Berlín conserva los cilindros de cera grabados por él con esta clase de cantos atribuidos a la fiesta uuikɨ. Según el informante de Preuss, los clanes donde él investigó y que hablaban el dialecto mɨka en la región nor-occidental del territorio huitoto practicaban un intercambio ceremonial distinto al que observamos entre los clanes de habla mɨnɨka y buue: “Así que la gente (los invitados) viene a jugar a la pelota y a comer carne” (Preuss 1994, II: 722).” “El jefe recompensa a los grupos que han traído frutos dándoles de comer carne” (ibid.: 738). Además, entre los “frutos” que los invitados traen y que el informante de Preuss menciona, figuran la “yuca” (Manihot esculenta) (inclusive cocinada y transformada en “tamales”), la “sacha-papa” (Dioscorea sp.), el “dale-dale” (Calathea allouia) – es decir, tubérculos de la chacra – y la caña de azúcar y el plátano (Musa sp.), que en ninguna de las fiestas lluakɨ a las que hemos asistido fueron entregados al dueño de la fiesta; más bien, la yuca (en forma de casabe o de tamales), la “sacha-papa” y el “dale dale” cocinados eran parte del pago con que el dueño de la fiesta recompensó los frutos recibidos de los invitados.



[1] Agradezco al colega Dr. Juan Álvaro Echeverri  de la Universidad Nacional de Colombia su lectura y sus observaciones que me han permitido ajustar unos aspectos de la traducción y de la interpretación. – Este artículo fue redactado en el marco del proyecto “Documentación de las lenguas de la Gente del Centro” ejecutado en un convenio entre el IIAP, la Universidad Ruhr de Bochum, Alemania, y el Instituto Max-Planck para Sicolingüística en Nimega, Holanda. El proyecto está financiado por la Fundación Volkswagen: Programa DOBES (Documentación de lenguas en peligro).

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