Soc. Bosq. amazónica y dominación - Textos


¿Para qué sirve el concepto de “sociedad bosquesina”?

publicado a la‎(s)‎ 14 feb. 2014 9:42 por Administrador Sociedad Bosquesina   [ actualizado el 3 mar. 2015 7:17 ]

Artículo publicado en la revista del IIAP: Folia Amazónica. Iquitos, IIAP. 2007, Vll. 16, Nº 1-2, 81-88.

Quien, hoy en día, va a una comunidad rural en el bosque amazónico para dedicarse a una investigación antropológica, ecológica, botánica, médica o cualquier otra, o quien visita tal comunidad para promover proyectos de desarrollo en cualquier campo que sea – productivo, educativo, sanitario, organizativo – se ve confrontado con una realidad socio-cultural que no se deja unívocamente calificar de indígena o mestiza. Elementos socio-culturales de origen indígena y de origen nacional y mestizo se entremezclan intrincablemente en un presente – en una forma actual se sociedad – que los términos de “mestiza” o “indígena” o “colona” no nos ayudan a comprender. Partiendo de la hipótesis que detrás de la gran variedad de configuraciones socio-culturales locales en el ámbito de la población selvática – subsumiendo también los aspectos llamados “étnicos” –, existe una serie de características genéricas comunes a todas ellas y que las distinguen, en su conjunto, de la sociedad urbana de tipo “occidental”, hemos acuñado el término de “sociedad bosquesina” para designar este “tipo de sociedad” distinto de la sociedad urbana, capitalista y neo-liberal; y, en base a nuestra variada y larga experiencia de convivencia en diferentes comunidades amazónicas, nos hemos esforzado a denominar y definir los rasgos genéricos que hemos visto presentes en todas, y a ilustrar, mediante descripciones etnográficas, los elementos materiales, las conductas sociales y las formas de discurso particulares a cada sitio observado que ilustran específicamente las nociones genéricas.

 

Es este un planteamiento propiamente antropológico cuyo interés podría limitarse al círculo estrecho de los colegas académicos, universitarios. Si tuviéramos la intención de insertarnos en el debate académico y hacer progresar la teoría antropológica en los cenáculos profesionales de las facultades de ciencias humanas, entonces tendríamos que empezar por hacer el balance del estado actual de conocimiento, de evaluar críticamente los conceptos teóricos y operativos en la literatura antropológica de los últimos años, tomar posición frente a ellos y plantear nuestras alternativas.

 

Quiero hoy proponer un enfoque antropológico distinto. Después de haber observado, desde muchos años, que los proyectos de desarrollo y las acciones del Estado llegan a las comunidades del bosque con justificaciones y objetivos que en nada toman en cuenta las descripciones, interpretaciones y diagnósticos escritos y publicados por antropólogos, y que estos proyectos y acciones siempre fracasan, es decir, nunca alcanzan sus objetivos,[1] me parece urgente superar la falta de comunicación e intercomprensión entre los profesionales cuyo objetivo es comprender las sociedades bosquesinas y los que pretenden obrar en beneficio de estas sociedades y del “progreso” en general, realizando “proyectos de desarrollo.” Para remediar a esta situación, algunos propondrían que se debería exigir de todos los políticos, administradores, tecnócratas y desarrollistas que quieren trabajar en la selva que estudien obligatoriamente antropología. Fuera del hecho que tal recomendación quedaría un voto pío, debemos de reconocer que la teoría antropológica, su lógica conceptual e interpretativa, no toma en cuenta la lógica de la política desarrollista, la deja del lado, no dialoga con ella, no le propone alternativas, de manera que un tecnócrata puede tener una formación intelectual antropológica y, al mismo tiempo, actuar conforme la lógica desarrollista con el objetivo de “superar el atraso de la población rural”, “fomentar el progreso”, “remediar a la pobreza y extrema pobreza”, “enseñar al bosquesino cómo debe trabajar y cómo debe organizarse”, “levantar el nivel de vida, es decir, de ingresos”, etc.

 

De esta constatación resulta una primera urgencia para una antropología que se propone salirse del academismo, el que circunscribe su eficiencia a los discípulos de su disciplina universitaria, y volverse operativa en el campo de la acción política, económica, social, cultural, lingüística, educativa, sanitaria, etc. Necesitamos de una antropología que se involucre profesionalmente en los proyectos de toda índole que se destinan a la población rural amazónica y, más que eso, que participe en la formulación de las políticas dirigidas hacia la Amazonía. Bien digo “necesitamos de una antropología”, no “de antropólogos”, que, teniendo su diploma en el bolsillo, se vuelven funcionarios del Estado o de ONGs y obran según la lógica desarrollista. Necesitamos de una teoría antropológica que describa y haga comprender a los encargados de políticas y proyectos de desarrollo las condiciones objetivas de vida de las sociedades bosquesinas y las lógicas de vida subjetivas del bosquesino de tal manera que cuestione la lógica desarrollista, sus a-prioris, sus objetivos y valores, de los que el desarrollista está imbuido, que acepta como “naturales” o “universales”, es decir, valederos para todos los seres humanos. El cuestionamiento de la lógica dominante del desarrollo y progreso consiste, precisamente, en demostrar que sus a-prioris, sus objetivos y valores no son universales, no son compartidos por todos los seres humanos, sino que hay sociedades y sujetos humanos que actúan según otra lógica de vida, orientándose en otros valores y motivándose por otros objetivos.

 

Pero no es suficiente afirmar, como hasta ahora lo hago, que hay sociedades diversas y lógicas de vida distintas, que el género humano no es uno sino diverso, socio-diverso. Este discurso genérico es harto conocido y no conmueve en nada a los tecnócratas del desarrollo que sólo creen en los valores dominantes y disfrutan de las prebendas gubernamentales e internacionales de que viven y se enriquecen, a condición que sirvan los intereses dominantes.

 

Para que la tecnocracia se sienta concernida por nuestros cuestionamientos tenemos que someter sus a-prioris, su lógica y sus valores a una evaluación crítica, no en abstracto y genéricamente, sino utilizando los términos operativos mismos de la tecnocracia, sus nociones medulares en que se funda toda la retórica y justificación desarrollista. Desde luego, nuestra antropología, en vez de dialogar con las diferentes escuelas académicas para definir su nueva teoría, dialogará con el lenguaje de las políticas y de los proyectos de desarrollo y definirá su teoría en contraste con la lógica desarrollista dominante de pretensión universalista. Es ésta que sirve a nuestro antropólogo de referencia para formular su alternativa teórica derivada de la interpretación de los hechos que ha observado conviviendo con la sociedad bosquesina.

 

Acabo de mencionar la segunda urgencia: frente a una antropología simbólica, llena de sueños etnosuficientes, y post-moderna, complacida con discursos egocéntricos y narcisistas, exigimos un regreso a la etnografía, pero no a la etnografía objetivista de antes, sino a una etnografía convivencial sensible a los hechos –materiales, sociales, afectivos, discursivos– de la vida diaria experimentada en el seno de una comunidad o un caserío, compartiendo la vida, colaborando y ejerciendo la reciprocidad. Podríamos hablar de una etnografía intersubjetiva que da cuenta de las interacciones, los intercambios, los conflictos, las coincidencias entre el visitante foráneo y los habitantes locales y que capta las interpretaciones diferenciales entre ambos actores de los eventos cotidianos y excepcionales. Nuestra alternativa teórica[2] a la ideología desarrollista debe sustentarse sólidamente en los hechos vividos, observados, meditados y descritos. La etnografía intersubjetiva es una noción que desarrollamos a partir del concepto de “ciencia intersubjetiva” formulado y fundamentado por Klaus Holzkamp, el fundador de la sicología crítica, y la práctica de esta etnografía intersubjetiva implica que formulemos explícitamente nuestras hipótesis sobre las motivaciones de las actividades de nuestros interlocutores bosquesinos a fin de verificarlas a posteriori en los hechos para ver si las acciones del bosquesino corresponden a nuestras previsiones hipotéticas iniciales. La etnografía intersubjetiva, desde luego, se fundamenta con prioridad en la observación del actuar del bosquesino que debe confirmar nuestras hipótesis, si éstas son verdaderas. Lo que dice el bosquesino no nos da un acceso directo a la comprensión de su actuar, pues tiene su significado real sólo en su relación – dialéctica – con el actuar observable.

 



[1] Ver: Gasché, J. 2004: Crítica de proyectos y proyectos críticos de desarrollo. Un enfoque latino-americano con énfasis en la Amazonía. Iquitos, Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana. También en Internet: www.siamazonia.org.pe

[2] Para una orientación general, indicamos que nuestras principales fuentes de inspiración teórica son K. Marx, S. Freud, A. V. Chayanov, K. Polányi, A. Leroi-Gourhan, M. Sahlins, M. Godelier, L. S. Vygotskij, A. N. Leontiev, K. Holzkamp.

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