Una concepción alternativa y crítica para proyectos de desarrollo rural en la Amazonía.

publicado a la‎(s)‎ 24 abr. 2012 20:28 por Soporte Web   [ actualizado el 6 mar. 2014 8:48 por Administrador Sociedad Bosquesina ]

Los proyectos de desarrollo rural cuya realización hemos observado en los últimos veinte años en la Amazonía peruana se caracterizan prácticamente todos por el hecho de que (1) no alcanzaron, o sólo parcialmente, sus objetivos, (2) tenían efectos imprevistos que a posteriori se tuvo que interpretar como beneficios para justificar la inversión, (3) los pocos alcances positivos que lograron en su trascurso no eran duraderos y se perdieron apenas se detuvo el flujo financiero. Eso significa que no lograron modificar en el sentido deseado las costumbres laborales, ni aumentar la productividad, ni menos implementar procesos de capitalización, y tampoco impulsaron procesos de autogestión ni mayor eficiencia en la organización comunal.

Nuestra hipótesis es que los objetivos mismos de los proyectos se basaban en ideales preconcebidos que no responden a las motivaciones actuales de la población bosquesina amazónica. Planteamos que para tener efectos congruentes un proyecto de desarrollo debe sustentarse en una investigación metodológica simultánea, en cuyo marco se consideran los objetivos iniciales como hipotéticos, flexibles, debiendo ser precisados en el proceso del proyecto con la población meta. En este sentido, la calidad del proceso importa más que los objetivos. Explicaremos las implicancias de este planteamiento.

Formular críticas suele ser tarea propia del intelectual. Formular críticas a proyectos de desarrollo incumbe, en cambio, a una clase particular de intelectuales, los llamados "expertos", a los que los organismos auspiciadores generalmente las fuentes financieras recurren para que evalúen tales proyectos: para que constaten la conformidad o disconformidad de la marcha del proyecto con los objetivos fijados, hagan recomendaciones y planteen ajustes o modificaciones que a su parecer les parecen necesarios al cumplimiento no sólo de los objetivos acordados, sino también de las intenciones filosóficas y éticas de la institución. Desde luego, el marco conceptual -filosófico y moral- de un proyecto siempre está dado a priori, y la tarea del experto evaluador no consiste en cuestionarlo, sino en verificar si las acciones realizadas corresponden a los pasos y métodos inicialmente planeados y su-puestos para conducir a los objetivos previstos, -pasos, métodos y objetivos que se derivan de este marco, el cual siempre queda implícito, es decir, tácitamente aceptado.

Mi intención no es seguir los pasos del experto y criticar tal o tal proyecto. Me permito adoptar una posición que les puede parecer extrema, pues, por un lado, me contento con la evaluación globalmente negativa en tres puntos que mencioné al inicio, y, por el otro, en vez de recomendar ajustes a estrategias y objetivos de los proyectos contemplados, dejando intacto sus presupuestos teóricos y éticos, me propongo plantear una figura alternativa de proyecto, la de un proyecto crítico, conforme a la mención hecha en la segunda parte del título de nuestro simposio. Se me perdonará, espero, tal extremismo que justifico con un argumento a la vez político y pedagógico.

La razón de mi procedimiento está vinculada a mi larga experiencia de observador y actor social en la Amazonía peruana, adonde la conceptualización de los proyectos siempre ha llegado "desde afuera" y acorde a los criterios de los donantes financieros lejanos (Cooperación Técnica Internacional, las ONG y recientemente el Banco Mundial, el Banco Interamericano de Desarrollo y la Organización de Estados Americanos). En estas condiciones, los promotores locales no hacen más que someterse a criterios dados de antemano cuando quieren tener acceso a fuentes de financiamiento para sus acciones de desarrollo rural. Desde luego y ante los efectos incongruentes mencionados de estos proyectos, es urgente diseñar figuras alternativas de proyectos que contrasten con los conceptos habituales y que puedan servir de punto de comparación para la evaluación de los modelos de proyectos impuestos desde los centros de decisión y financiamiento. La falta de tales alternativas amortigua a priori cualquier discusión y hace aparecer las propuestas formuladas fuera del medio amazónico como las únicas posibles. Con la formulación de tal alternativa pensamos estimular el debate local y accesoriamente internacional, abrir el abanico de criterios que orienten la acción en los proyectos y, por ende, procurar una mayor amplitud a la capacidad de acción de los decididores locales y foráneos.

La concepción alternativa de "proyecto de desarrollo rural" para la Amazonía es una concepción holística que no pretende ser válida en absoluto, sino a título de hipótesis de trabajo para quien, más que como experto, aspira a actuar como constante aprendiz en el marco de una investigación-acción frente a una realidad social bosquesina ajena y distinta de la urbana, de la que todos somos parte integrante.

Con esta frase estoy enunciando plenamente el a priori de donde parto y del cual se deriva el conjunto de mis planteamientos.

De hecho mi hipótesis es que la concepción de los proyectos de desarrollo que hasta ahora se han realizado en la Amazonía no ha tomado en cuenta la alteridad fundamental que caracteriza el tipo de sociedad al que los promotores se dirigen. A primera vista, eso sorprende cuando se contempla la cantidad de estudios antropológicos sobre sociedades bosquesinas amazónicas (indígenas y mestizas; ribereña y caboclas) que se han publicado en los últimos años en diferentes lenguas y que, todos, evidencian un alto grado de diferencia sociocultural en comparación con el modo de vida y el modelo sociocultural de la sociedad urbana. Existen, probablemente, varias razones que explicarían por qué los promotores de proyectos se han quedado sordos a las voces de los antropólogos. Sin entrar en detalles de este debate, son dos las razones que quiero mencionar.

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