Una concepción alternativa y crítica para proyectos de desarrollo en la Amazonía

publicado a la‎(s)‎ 8 ago. 2014 10:24 por Administrador Sociedad Bosquesina

Los proyectos de desarrollo rural cuya realización hemos observado en los últimos veinte años en la Amazonía peruana se caracterizan prácticamente todos por el hecho de que (1) no alcanzaron, o sólo parcialmente, sus objetivos, (2) tenían efectos imprevistos que a posteriori se tuvo que interpretar como beneficios para justificar la inversión, (3) los pocos alcances positivos que lograron en su trascurso no eran duraderos y se perdieron apenas se detuvo el flujo financiero. Eso significa que no lograron modificar en el sentido deseado las costumbres laborales, ni aumentar la productividad, ni menos implementar procesos de capitalización, y tampoco impulsaron procesos de autogestión ni mayor eficiencia en la organización comunal.

Nuestra hipótesis es que los objetivos mismos de los proyectos se basaban en ideales preconcebidos que no responden a las motivaciones actuales de la población bosquesina amazónica. Planteamos que para tener efectos congruentes un proyecto de desarrollo debe sustentarse en una investigación metodológica simultánea, en cuyo marco se consideran los objetivos iniciales como hipotéticos, flexibles, debiendo ser precisados en el proceso del proyecto con la población meta. En este sentido, la calidad del proceso importa más que los objetivos. Explicaremos las implicancias de este planteamiento.

Formular críticas suele ser tarea propia del intelectual. Formular críticas a proyectos de desarrollo incumbe, en cambio, a una clase particular de intelectuales, los llamados "expertos", a los que los organismos auspiciadores generalmente las fuentes financieras recurren para que evalúen tales proyectos: para que constaten la conformidad o disconformidad de la marcha del proyecto con los objetivos fijados, hagan recomendaciones y planteen ajustes o modificaciones que a su parecer les parecen necesarios al cumplimiento no sólo de los objetivos acordados, sino también de las intenciones filosóficas y éticas de la institución. Desde luego, el marco conceptual -filosófico y moral- de un proyecto siempre está dado a priori, y la tarea del experto evaluador no consiste en cuestionarlo, sino en verificar si las acciones realizadas corresponden a los pasos y métodos inicialmente planeados y su-puestos para conducir a los objetivos previstos, -pasos, métodos y objetivos que se derivan de este marco, el cual siempre queda implícito, es decir, tácitamente aceptado.

Mi intención no es seguir los pasos del experto y criticar tal o tal proyecto. Me permito adoptar una posición que les puede parecer extrema, pues, por un lado, me contento con la evaluación globalmente negativa en tres puntos que mencioné al inicio, y, por el otro, en vez de recomendar ajustes a estrategias y objetivos de los proyectos contemplados, dejando intacto sus presupuestos teóricos y éticos, me propongo plantear una figura alternativa de proyecto, la de un proyecto crítico, conforme a la mención hecha en la segunda parte del título de nuestro simposio. Se me perdonará, espero, tal extremismo que justifico con un argumento a la vez político y pedagógico. [...]


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