La sociedad de la "gente del centro"

publicado a la‎(s)‎ 26 jul. 2013 10:37 por Administrador Sociedad Bosquesina   [ actualizado el 14 feb. 2014 10:16 ]

Publicado en: Seifart, Frank, Doris Fagua, JürgGasché, and Juan Alvaro Echeverri (eds.). A multimedia documentation of the languages of thePeople of the Center. Online publi
cation of transcribed and translated Bora, Ocaina, Nonuya,Resígaro, and Witoto audio and video recordings with linguistic and ethnographic annotationsand descriptions. Nimega: DOBES-MPI. URL:  http://corpus1.mpi.nl/qfs1/mediaarchive/dobes_data/Center/Info/1.3_Sociedad.pdf

[VERSIÓN PROVISIONAL DEL 12 DE JUNIO 2009; POR COMPLETAR]

 

Expondremos nuestra comprensión de la sociedad de la Gente del Centro en dos capítulos. En el primero, haremos un resumen de lo que pudimos aprender de esta sociedad a través de nuestro diálogo con personas que tenían, o todavía tienen, un cargo ceremonial, a través de nuestra observación de la vida diaria y de las “fiestas” o “bailes” durante nuestra convivencia en caseríos y comunidades y a través de discusiones con responsables rituales sobre los desvíos actuales de las reglas y de los significados de las conductas personales, diarias y rituales, en comparación con las normas e interpretaciones del pasado cuando la Gente del Centro “no era civilizada”, – del “tiempo de los antiguos,” que “sabían” y “respetaban” las reglas sociales, las recomendaciones y restricciones alimenticias, sexuales – y comportamentales en general. Así los indígenas de hoy se expresan cuando hablan de su sociedad actual en la que “ya no sabemos”, “ya no respetamos” las tradiciones de antes. Los verbos “olvidarse” (HT feeide) y “acordarse” (HT uibiñote) son de los más frecuentes, cuando un sabedor huitoto hoy en día inicia o termina un discurso ritual en el patio de la coca de la maloca, de noche, rodeado de otros hombres, lamiendo ampiri y “mambeando” coca. La queja de los sabedores sobre el olvido de los conocimientos tradicionales no es nueva. Ya en 1914, el informante del antropólogo alemán Konrad Theodor Preuss, se lamentó que en ese tiempo los hombres ya no sabían tanto como sus antepasados, que hoy saben poco, cuando los antiguos sabían mucho, – y eso en una época en la que los adultos habían nacido antes de la llegada de los caucheros y la civilización de los Blancos. Estamos reconstruyendo una sociedad hasta donde podemos, tomando en cuenta también la información que nos proporcionan viajeros y antropólogos del inicio del siglo 20: Robuchon, Whiffen, Preuss, Farabee, Tessmann. A la verdad, estos autores nos describen con cierto detalle hechos materiales y sociales o, como en el caso de Preuss, nos ofrecen textos míticos en lengua huitoto traducidos al alemán (y en años recientes al castellano, cf. Petersen ¿??), pero ninguno de ellos ha podido comprender los fundamentos de esta sociedad que son la organización linajera o clánica combinada con las relaciones y prácticas ceremoniales, como veremos más adelante. Hemos podido captar estos fundamentos recién en 1969/70 cuando las palabras rituales ya habían perdido mucho de su “seriedad”, de su uso muy restringido al contexto ritual real, de su prohibición de pronunciarse fuera de este contexto, por ejemplo, a pedido de una persona foránea, un antropólogo. El informante de Preuss, en 1914, había rehusado decir ciertos discursos rituales porque eran demasiado fuertes y que el jefe local en seguida lo supiera gracias a su poder y que no le gustaría. El tabú que pesa sobre estos discursos sigue existiendo en ciertos sectores de la Gente del Centro. Así, a nuestro colega, Carlos Londoño, los Muinane, con quienes él estudiaba su sociedad y cultura en los años 1990, nunca le permitieron grabar sus palabras rituales pronunciadas en el patio de la coca.

 

En el segundo capítulo, daremos cuenta de la sociedad indígena tal como la podemos observar en la actualidad. Ese propósito nos obligará a distinguir la situación social en Colombia y la que prevalece en el Perú, en la cuenca del río Ampiyacu, donde viven los descendientes bora, huitoto, ocaina y resígaro de los indígenas que fueron llevados a ese país por los antiguos capataces de la empresa cauchera Peruvian Rubber Company (financiada con capital inglés), la llamada “Casa Arana”, cuando estalló el conflicto fronterizo entre Colombia y el Perú (1932). Veremos entonces que rasgos fundamentales de esta sociedad indígena, vinculados a las prácticas ceremoniales, siguen presentes, pero que el universo de las relaciones sociales se ha modificado y diversificado por el trato frecuente con personas urbanas: funcionarios, maestros, promotores, religiosos, comerciantes y habilitadores, por la mediación del dinero que ahora está presente en todas las comunidades y por la inmigración de personas mestizas (Ampiyacu), mientras que otros rasgos de la organización social antigua, como el orden clánico en el Ampiyacu (mas no en el Igaraparaná), se están desvaneciendo y perdiendo pertinencia.

 

Podemos diagnosticar la sociedad actual y detectar en ella la presencia de los elementos sociales propios de la Gente del Centro gracias a nuestro aprendizaje previo con el sabedor huitoto Augusto Kuiru del clan Jitomagaro “Sol” y sus hijos, Abelino y Aurelio (finados los tres), Calixto y Porfirio, quienes me recibieron y enseñaron, por primera vez en 1969 y 70, luego, en 1973 y 74, en su maloca y caserío, que hoy se llama Puerto Milán, a orillas del río Igaraparaná. Muchos años después, a partir de 2001, el curaca huitoto de Pucaurquillo, Alfonso García del clan Eraiaɨ “Irapay”, me abrió su conocimiento y consintió en trabajar regularmente conmigo, permitiéndome grabar sus discursos y explicándomelos. De parte de los Bora, recibimos enseñanza de los dos hermanos Teteye, José Maria y Benito, del clan Íñeje “Aguaje” o “Canangucho”, cuando, durante 15 días en 1974, rodeamos una película sobre la fiesta Méémeba “chicha de pijuayo o chontaduro” en Providencia (Igaraparaná), y del curaca de Brillo Nuevo en el río Ampiyacu, Manuel Ruiz Mibeco. En una oportunidad pudimos también trabajar con el dueño de maloca ocaina Noé Siake en el Igaraparaná y con el conocedor ocaina Luis Cubicaje en el Ampiyacu.

 

Esta experiencia de aprendizaje con conocedores de tres pueblos de la Gente del Centro, nuestra observación de las “fiestas” o “bailes” celebrados y las conversaciones con colegas que han trabajado con Muinane, Miraña, Andoke y Nonuya nos han convencido que la Gente del Centro puede considerarse como una sociedad que obedece a principios generales comunes, pero los realiza con muchas variantes locales – étnicas, clánicas, domésticas – y dentro de relaciones entre unidades domésticas (malocas) vecinas y distantes, sin que las fronteras lingüísticas signifiquen barreras. Esta unidad socio-cultural, este compartir de principios, valores y “costumbres” comunes lo podemos observar hasta hoy en día en todas las regiones donde viven comunidades de la Gente del Centro e, inclusive, cuando “paisanos” de cualquiera de estos pueblos se encuentran en la ciudad.

 

Si, actualmente, la apariencia material de las comunidades indígenas no deja inmediatamente reconocerlas como indígenas, pues los indígenas han adoptado muchos rasgos culturales de la población mestiza regional, y, por otro lado, si los pobladores rurales amazónicos, a su vez, han integrado en su vida diaria conocimientos, conductas y “creencias” indígenas, podemos hablar hoy en día de “bosquesinos” amazónicos, a nivel de un modo de vida social y cultural genérico, sin distinguir entre mestizos/ribereños o indígenas. Sin embargo, al haber estudiado la sociedad indígena en su forma pasada, gracias a grabaciones, diálogos y conversaciones, nos hemos capacitado a ver, detrás de esos rasgos bosquesinos genéricos, los elementos socio-culturales específicos que caracterizan una comunidad indígena o un conjunto de comunidades indígenas vinculadas entre ellas por relaciones de vecindad, de parentesco, de alianzas matrimoniales y ceremoniales. Estas manifestaciones específicas – históricamente indígenas, pero ahora intrincadamente combinadas con elementos mestizos rurales y urbanos – de un tipo genérico de sociedad: la sociedad bosquesina – constituyen la sociodiversidad real de Amazonía. La Gente del Centro es una variante indígena de la sociedad bosquesina, pero en su interior existen, a su vez, variantes étnicas, clánicas, locales, lingüísticas y geográficas.

 

La sociodiversidad está arraigada en la historia, en la geografía y el medio natural y conlleva gradaciones en su variabilidad. Esta situación hace compleja la tarea de pintar un cuadro social realista que contemple toda la dimensión de sus variaciones internas.

 

Empezaremos por exponer los rasgos indígenas genéricos para dar a comprender los principios que subyacen a la organización y vida social de la Gente del Centro e ilustraremos las variantes, hasta donde las conocemos, para presentar el espectro de la diversidad socio-cultural al interior de la Gente del Centro, en particular, cuando las diferencias parecen tomar su propio significado.  

 

 

 

 

1. La sociedad indígena

 

La Gente del Centro es un conjunto de pueblos indígenas de los que cada uno se distingue de los vecinos por su lengua o dialecto: bora, miraña (dos dialectos intercomprensibles), muinane (de la familia Bora), ocaina, nonuya (dos lenguas parientes pertenecientes a la familia Witoto, pero ininteligibles entre ellas y con el huitoto), huitoto (con sus dialectos principales atestiguados: mɨka, bue, mɨnɨka y nɨpode, al lado de otros poco conocidos), resígaro (de la familia Arawak, pero con un gran número de préstamos del bora) y andoke (sin afiliación lingüística conocida).

 

El núcleo de su territorio se sitúa entre el medio Caquetá y el medio Putumayo, con una pequeña extensión en la ribera izquierda del Caquetá (mapa de Whiffen 19??) y con una prolongación al Sur del Putumayo hasta la boca del río Ampiyacu, atestiguada por los Huitoto instalados cerca de Pebas a mediados del siglo 19 (Gasché 1983).

 

La repartición de este territorio entre los diferentes pueblos de la Gente del Centro está representada en la copia del mapa étnico de Whiffen (¿??) que data de la época del auge del caucho al inicio del siglo 20 y que reproducimos en anexo.

 

Al Norte del Caquetá se ubican las áreas culturales del Miritíparaná, del Apaporis y, más allá, del Vaupés. Los pueblos vecinos inmediatos hablan lenguas Caribe (carijona), Arawak (yucuna, matapí) y Tucano oriental (macuna, tanimuka, letuama). Otras lenguas vecinas atestiguadas por Martius (¿??) a principios del siglo 19 se han extinguido (¿??). Los vecinos al Noreste, Norte y Oeste son de lenguas Tucano occidentales (tama, coreguaje, siona, secoya, mai juna; los dos últimos son los Encabellados de los relatos misioneros jesuitas de los siglos 17 y 18). El interfluvio del Sureste está poblado por los pueblos yurí y pasé (Martius …???) y la región meridional, entre el Putumayo y el Amazonas, por los Yagua (y, en el siglo 18, los Peba, Cahuamari y Cahuachi ¿??). Existe la hipótesis que los Yagua han vivido en el pasado en el territorio huitoto o a proximidad de ello, pues este pueblo tiene un nombre huitoto, Jimuaɨ “Musmuquis o Micos nocturnos”, y está representado en una fiesta huitoto (lluakɨ) por un grupo de bailarines que canta en una lengua incomprensible. En ocaina se les nombra Jumórah, nombre de una ranita, haciendo así alusión a su lengua incomprensible.

 

La organización ceremonial de la Gente del Centro constituye un universo complejo y rico de relaciones sociales, intercambios de bienes y servicios, manifestaciones culturales (productos, adornos), discursos rituales y míticos y, sobre todo, de una multitud y gran variedad de géneros y especies de cantos. Si comparamos la Gente del Centro con otras áreas culturales amazónicas, salta a la vista, frente a la simplicidad de la cultura material, la riqueza y complejidad de las formas de discurso: memorizadas y formales o performativas y formales, improvisadas e informales, habladas o cantadas. Es como si los hombres de estos pueblos, durante sus veladas y reuniones nocturnas prolongadas, con una ética que desvalora el sueño y valora la velada, hubieran invertido la energía intelectual disponible, en barbecho durante la noche, en un trabajo intensivo con el lenguaje y la lengua y en la elaboración cuidadosa de una filosofía cuajada en formas de discurso que, por ser formas precisamente, pueden ser memorizadas y trasmitidas a otros y a las generaciones siguientes. Esta filosofía contenida en discursos formales memorizados que enuncian listas ordenadas de conceptos abstractos es el resultado de una reflexión sobre los mitos y su reinterpretación y transformación en un lenguaje “esotérico” que no es comprensible para la gente común, sólo para los que han sido iniciados en este lenguaje de una interpretación del mundo que existe al lado de los mitos, pero que, en el entendimiento de los “dueños de maloca y de baile” (HT jofo nama, rafue nama, OC  farááhfum̈a) y responsables ceremoniales, contiene el saber verdadero y prestigioso, un saber de pocos, en comparación con el saber mítico accesible a cualquiera, inclusive a las mujeres. Este tipo de discursos rituales, cuyas referencias al mito se ha llegado a negar y que se recitan o cantan en determinadas fases de la preparación y celebración de una fiesta o baile, no se observan en ninguno de los pueblos vecinos de nuestra área cultural. Es más, entre los pueblos de la Gente del Centro, los Bora, Miraña, Andoque y probablemente los Resígaro no los tienen; en las situaciones ceremoniales en las que los Huitoto, Ocaina y Muinane (– de los Nonuya no sabemos nada al respecto –) los pronuncian, los Bora, Miraña y Andoke cuentan mitos o dicen palabras convencionales en un lenguaje especial (BO pityájkoju), que es propio al hablar de los hombres en el patio de la coca, pero que no tiene las características formales de los discursos ceremoniales de los otros pueblos.

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