La cultura material de la "gente del centro"

publicado a la‎(s)‎ 26 jul. 2013 10:46 por Administrador Sociedad Bosquesina   [ actualizado el 8 ago. 2014 10:40 ]

Publicado en: Seifart, Frank, Doris Fagua,JürgGasché, and Juan Alvaro Echeverri (eds.). A multimedia documentation of the languagesof the People of the Center.Online publication of transcribed and translated Bora, Ocaina,Nonuya, Resígaro, and Witoto audio and video recordings with linguistic and ethnographicannotations and descriptions.Nimega: DOBES-MPI. URL http://corpus1.mpi.nl/qfs1/mediaarchive/dobes_data/Center/Info/1.2_Cultura_material.pdf.

LA CULTURA MATERIAL DE LA “GENTE DEL CENTRO”.

Por Jorge Gasché, con los aportes lingüísticos y precisiones culturales de Juan Álvaro Echeverri y Doris Fagua

 

[VERSIÓN PROVISIONAL DEL 12 DE JUNIO 2009; POR COMPLETAR]

 

En una primera parte de este esbozo caracterizamos la cultura material de la Gente del Centro en términos de la “cultura indígena”, es decir, refiriéndonos a un estado histórico hipotético y de alguna manera “reconstruido”, sin tomar en cuenta la realidad actual y “evolucionada” bajo la influencia del mercado, la educación escolar y otras instancias administrativas y financieras estatales. Tampoco consideraremos en esta primera parte las adopciones culturales provenientes de poblaciones mestizas y colonas o de otros pueblos indígenas con los que la Gente del Centro ha establecido contacto e intercambio en los últimos cien años. En una segunda parte trataremos de describir el estado presente de la cultura material.

 

Lo que sigue en lo inmediato es, desde luego, el testimonio histórico de una cultura amazónica que abarca – grosso modo – la región interfluvial entre los ríos Caquetá y Putumayo y que se puede considerar una piedra del mosaico de áreas culturales que cubría toda la Amazonía indígena antes que sus contornos y características se matizaran a consecuencia de la penetración misionera, colonizadora, comercial y administrativa de las sociedades nacionales y dominadoras.

 

1. La cultura material indígena

 

Los pueblos que abarcamos con el término de “Gente del Centro” – los Andoque, Bora, Huitoto, Miraña, Muinane, Nonuya, Ocaina y Resigaro – comparten una serie de rasgos culturales materiales que les distinguen de las áreas culturales vecinas: la de los pueblos caribe, arawak y tucano orientales al nor-este del río Caquetá, la de los tucano occidentales al norte del Caquetá y el sur-oeste del Putumayo y la de los yagua y ticuna al sur del Putumayo hacia el río Amazonas. Al mismo tiempo que nos da a observar rasgos específicos, la cultura material de la Gente del Centro puede describirse con una serie de rasgos genéricos que son propios a todos los pueblos amazónicos asentados en “tierras de altura”, que se distinguen de los que han colonizado las riberas aluviales de los ríos grandes caracterizadas por tierras fértiles y abundantes recursos acuáticos y que, bajo la presión de una mayor densidad demográfica, han elaborado una organización social más compleja. Como todos los pueblos de altura, la Gente del Centro practica la horticultura, la recolección, la caza y la pesca y elabora el conjunto de sus utensilios, vestimentas, adornos y viviendas manualmente con los recursos naturales del bosque, de la tierra y de las aguas. Con el término de “horticultura” evocamos lo que se llama también “cultivo de roza y quema”, “slash-and-burn” o “swidden agriculture” y “culture sur brûlis”. Conforme a esta técnica se tumba cada año una parcela de bosque, de preferencia primario, se deja secar la vegetación, luego se la quema y en la tierra así fertilizada se siembra los cultivos, que, en la Amazonía indígena son principalmente: yuca dulce y amarga, maíz, plátano, camote, sacha-papa y otras especies de tubérculos (Araceas, Marantaceas), todos en numerosas variedades; a estos recursos almidonáceos se añade un gran número de frutales y plantas medicinales, entre las cuales el tabaco es de distribución general.  Vinculada a la horticultura y el agotamiento progresivo de las tierras en los alrededores de las casas se observa cierta inestabilidad de la vivienda. Ésta se desplaza periódicamente – en promedio cada cinco años – a otro sitio del bosque, ya que la fertilidad de las chacras se debe más a la calidad de la vegetación parada (el bosque primario que se tumba y quema) que a la del suelo, generalmente pobre en las alturas. Se ha hablado de “semi-nomadismo” para caracterizar el modo de vida indígena amazónico. La disminución de los animales en la cercanía del hábitat humano fue avanzada como otra causa más de este fenómeno migratorio. Los asentamientos humanos son generalmente de tamaño modesto (hasta 300 personas) y dispersos en el bosque.

 

La horticultura de la Gente del Centro se caracteriza por el policultivo en manchales plurispecíficos (Gasché 2002) y con manchales monoespecíficos de maní, tabaco y yuca dulce. La yuca venenosa (HT jusitofe, <=siempre el nombre de la planta> OC, NO, BO)mezclada con “yuca de comer” (HT maikatofe OC, NO, BO), (no venenosa) es asociada a menudo con piña (HT rosidoro, OC, NO, BO), maíz (HT bellarɨ OC, NO, BO), coca (HT jiibina, OC, NO, BO), plátano (HT oogorɨ, OC, NO, BO) barbasco (HT juiao, OC, NO, BO). Otros tubérculos más exigentes en nutrientes (camote o batata, sachapapa o ñame, ashipa, achira, daledale, etc.) se siembran en lugares con abundante ceniza o nidos de termitas terrestres quemados. Los árboles frutales están presentes, a la vez, en las chacras, y – en mayor densidad y diversidad – en la huerta que rodea la maloca. Entre ellos hay especies como el umarí (Poraqueiba sericea, HT nemona, nekana, OC num̈ooro, num̈ón, NO nemuña, BO <arbol>) – que existe en un gran número de variedades –, el macambo (Theobroma bicolor, HT mɨsena, musena, OC fohtúútyo, NO jitye'ɨ, BO), el aguacate (Persea americana, HT nomena, OC nom̈úúxo, NO nomwená) y el cashu o marañón (Anacardium occidentale, HT añana, OC añááro, NO, BO) que dan cosecha abundante después de cinco años y que sobreviven en las purmas y huertas de malocas abandonadas muchos años después del abandono del lugar, lo que indica que el desplazamiento de los asentamientos de la Gente del Centro se hacía a un ritmo más lento – tal vez cada ocho años en promedio – y que las purmas seguían siendo visitadas y limpiadas puntualmente por muchos años después de su abandono. Los frutales domésticos que producen frutos a los tres años son la uvilla (Pourouma cecropiaefolia, HT jɨrɨkona, sirikona, OC covááya, cován, NO jotsojová, BO), el caimito (Pouteria caimito, HT jifikona, OC jahfííhxo, NO fwijuuña, BO), la guaba o el guamo (Inga edulis, HT jisairai, OC jovuuhta, NO jobwiñá, BO) y el pijuayo o chontaduro (Bactris gasipaes, HT jimena, OC jamiiñ̈a, jamín, NO jimena, BO mééméhe). La papaya parece no haber sido conocida por la Gente del Centro, pues no existe nombre en sus lenguas.

 

La Gente del Centro tumba el bosque con hachas de piedra conseguidas de pueblos vecinos vía intercambio y el sotobosque con macanas de palisangre (HT kɨrɨtɨngo). Sin embargo, probablemente desde el siglo 18, han llegado a su territorio hachas de hierro, sea desde el Putumayo, gracias a las misiones franciscanas, sea desde el Caquetá, por intermedio de los comerciantes de esclavos portugueses. Para abrir huecos en la tierra y plantar sus cultivos, la Gente del Centro utiliza tacarpos, es decir, varas puntiagudas de madera dura.

 

Como la mayoría de los pueblos del norte y del oeste amazónico, la Gente del Centro vive dispersa en “casas grandes”, “malocas” o “cocameras” (HT jofo, OC, NO, BO hjaá). Su composición social varía según los pueblos. Entre la Gente del Centro y sus vecinos del nor-este, cada maloca abriga un grupo de parientes patrilineales – un patrilinaje que, a su vez, es parte de un patriclán conformado por varias malocas vecinas. A diferencia de las malocas de los grupos vecinos tucano orientales y occidentales que son rectangulares y ovaladas respectivamente, las malocas de la Gente del Centro son edificios construidos sobre un plano cuadrado (cuatro pilares centrales de madera), pero con los ángulos redondeados de manera que aparecen casi circulares. La arquitectura varía (malocas con uno, dos o cuatro pilares, con o sin abertura triangular en el techo frontal y dorsal) según el tipo de maloca distinguido en la terminología indígena y las funciones ceremoniales que le son asociadas (Gasché 1974). Los pilares son “horcones” de madera dura y pesada, así como las vigas. Las soleras y caibros, en cambio, son palos lagos y delgados que resisten menos al tiempo y pueden ser renovados de vez en cuando. El techo es cubierto de “criznejas” de hojas de “irapay” (Lepidocaryum tenue, HT ererɨ, OC ayííviro, ayííviji, NO tsiibeé, BO), una palmera enana, cuyos pecíolos son anudados – formando dibujos diferentes con su significado simbólico – sobre un listón de corteza de “pona” o “cashapona” (Iriartea exorrhiza y ventricosa, HT dorɨda, fegona, OC tyoroohtya, NO jatsaanɨ́, BO) y las hojas palmeadas entretejidas entre ellas. Las criznejas cubren igualmente las paredes, haciendo que el interior de la maloca sea oscuro y libre de mosquitos.

 

En la maloca, cada familia nuclear tiene su espacio y su fogón (HT irei, irai, OC tyaaro, NO d'amo, BO ) donde la mujer cocina y alrededor del cual cuelgan de noche las hamacas (HT kɨnei, kɨnai, OC xonaajin, NO tonií, BO) para que la gente se caliente durante su sueño. Los utensilios de cocina rodean cada fogón, que está constituido por tres troncos cuyas puntas forman un triángulo siempre candente sobre el cual se coloca a hervir la olla de barro (HT nogo, OC dsovaati, NO nojoo'i, BO). Los utensilios son típicos del complejo técnico culinario ligado a la transformación de la yuca amarga o “brava” que se extiende desde el Putumayo hasta las Guyanas y del cual la Gente del Centro es parte. En toda esta región, esta clase de yuca es la base de la alimentación, tanto de la comida, como de la bebida. La yuca venenosa, para ser consumida, exige una serie de pasos técnicos destinados a eliminar su veneno, el ácido prúsico. Existen dos procesos; el uno apunta a extraer el almidón; el otro, a producir una pasta. Para extraer el almidón, la yuca pelada es rallada con un rallador (HT tɨafai, OC togávuca, NO tɨáfwé, BO) y la masa lavada con agua a través de un colador (HT llokofe, OC, NO d'otichaabeya, BO) puesto sobre un trípode; en el agua recogida en una olla grande, el almidón se sedimenta, luego, se recoge y se deja secar. Con el almidón, la Gente del Centro prepara su bebida, la “cahuana” (HT jaɨgabɨ, OC bóócho, NO boe’i, BO kahgúnuko), para la cual se le echa agua hervida y se lo disuelve revolviéndolo, lo que produce un líquido algo gomoso. Para darle diferentes sabores, se lo mezcla con la pulpa de aguaje, umarí, huasaí, piña, miel etc. Los Andoque, Bora, Miraña y Resigaro preparan también su “casabe”, la galleta de yuca que hace las veces de nuestro “pan cotidiano”, con almidón de yuca, mezclándolo con la masa sobrante del lavado y exprimida en la prensa tubular de yuca o “tipití”, llamada “boa”, cuyo tejido es propio de estos cuatro pueblos, pero que se encuentra también entre otros pueblos amazónicos más al este. Esta mezcla de almidón y de masa exprimida se asa sobre una platina o “tiesto” de cerámica (HT sibe, sibegɨ, OC tanháánhfi, NO jo'ófo, BO). Los otros pueblos de la Gente del Centro – los Huitoto, Ocaina, Muinane y Nonuya – preparan eventualmente “tamales” (HT juarɨ, OC maiiro, NO, BO) con almidón de yuca que se envuelve en hojas de “irapay” y se hierve colgado en agua. Pero su casabe (HT taɨngojɨ, airɨjɨ, OC juuxá, NO, BO) es a base de pasta de yuca, cuya elaboración corresponde al segundo proceso técnico. La yuca pelada se deja fermentar en agua, luego se la machaca en medio tronco vaciado (HT gobeje, goberae, OC ton̈áávuca, NO, BO) con un pilón (HT dobeño, OC, NO) transformándola en una masa. La masa se envuelve oblicuamente en una cinta tejida de corteza de “balsa” (o de una especie de Anonacea) que es la prensa de yuca (HT ɨnarako, OC xohááhfu, NO) propia estos pueblos. Este “salchichón” se cuelga en una madera fijada en lo alto de un horcón y se lo estira sentándose la mujer sobre un palo que atraviesa un lazo formado en la parte inferior del “salchichón”. El líquido venenoso que de esta manera se exprime de la masa – igual que el jugo que sale de la “boa” bora – es recogido debajo de la prensa en una olla. Hirviéndolo largo tiempo hasta que se volatilice el veneno y se merme la sustancia en una salsa marrón oscura y espesa y, al final, mezclándolo con ají, se obtiene el ingrediente más común de todas las comidas, el “casaramán”, “tucupí” o “ají negro” (HT rabɨ, omai, OC ajííxo, NO tyoovwí, BO dóhmeba). La masa exprimida sale medio seca de la prensa y se la cierne en un cernidor (HT ranita, OC am̈ííxan̈u, janhtidsáán̈u, NO titicha, BO) para eliminar las fibras y calibrar el grano de la pasta, que luego se asa sobre el “tiesto”. Los utensilios culinarios que participan en estos procesos y que posee cada fogón familiar son, desde luego, el rallador de madera con espinas de corteza de pona, el trípode de madera, el colador, el batán y el machucador (en las malocas que elaboran pasta de yuca fermentada), el tipití de tipo bora o de tipo huitoto, el cernidor, el tiesto, la planchita lijadora y el volteador tejido de casabe, la olla grande de cahuana, ollas medianas para cocinar caldos, carne y tucupí, una olla más pequeña para guardar el tucupí y otra para conservar el tucupí mezclado con restos de carne, de pescado o con hormigas o termitas de tierra (HT illɨko, OC illico, NO i'shi'i, BO pɨmɨ́so); en las tinajas o cántaros (HT ɨkɨru, OC toonpi, NO, BO) se guarda el agua.

 

Además de estas cocinas familiares de uso femenino, existe una “cocina” masculina en todas las malocas, las unidades domésticas de la Gente del Centro. En el amplio patio del centro de la maloca, los hombres, a finales de la tarde, se dedican a fabricar el polvo de coca, que, junto con el “ampiri” o “ambil” – la pasta de tabaco – es un estimulante y un accesorio indispensable de las conversaciones masculinas nocturnas en el “patio de la coca” (HT jiibibɨrɨ, OC jibihááxo, NO jibíbɨrɨ, BO tavíhéjɨ tonos???), en el centro de la maloca, y de los trabajos de cada hombre en el día. Coca (HT jiibina, OC jiibi planta???, NO jiibiñá, BO planta de coca) y tabaco (HT dɨona, OC tyohooya planta???, NO dokuñá, BO) son cultivados, transformados y consumidos diariamente por los hombres. Las tareas de la preparación de la coca se distribuyen entre varias personas. Un hombre cosecha las hojas en su chacra y recoge hojas secas de “cetico” o “yarumo” (Cecropia sp., HT kɨraɨforo, ɨmuiforo, OC mámixoho, NO jɨtsaé, BO una hoja de cetico) en el camino de regreso a la maloca. Otro hombre tuesta las hojas de coca removiéndolas constantemente en una olla (HT nogo, OC dsovááti, NO nojoo'i, BO) o sobre un tiesto (HT sibe, sibegɨ, tanháánhfi, NO jo'ófo, BO); otro se encarga de pilar la hoja seca y quebradiza en un mortero de madera dura (HT jiibiru, OC jiibihcóna, NO jibikɨna, BO) con un pilón (HT jiibigɨ, OC jiibihcóvo, NO jibímo, BO) de igual calidad; otro más quema las hojas de cetico y mezcla en una calabaza (HT meriko, OC, NO jotyei, BO) su ceniza con el polvo de coca que sale del pilón. Finalmente,  esta mezcla es tamizada en una bolsa fina de “llanchama” (el liber de la corteza de un Ficus) que se sacude sobre una olla que recibe el producto final: el polvo finísimo de coca y ceniza de cetico o yarumo (HT jiibie, jiibikoño, OC jííbi, jiibijóru, NO jibí, BO ííbií). El afrecho se vuelve a pilar, y el proceso se repite hasta cuatro o cinco veces hasta que el sobrante de los nervios duros se bote fuera de la maloca.

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