Saber ancestral en la ciencia y tecnología

publicado a la‎(s)‎ 6 ago. 2014 12:56 por Administrador Sociedad Bosquesina   [ actualizado el 10 ago. 2016 21:40 ]
Conferencia pronunciada por J. GASCHÉ en 2010.
Antes de abordar el tema de mi exposición, permítanme expresar mis cálidos agradecimientos a los organizadores del evento por el honor de darme la palabra ante esta ilustre asamblea sobre un tema que me preocupa desde varios años.

 Hubiera preferido que el título de esta conferencia estuviese formulado de manera un poco distinta – “saber ancestral y la ciencia y tecnología” –, ya que “saber ancestral en la ciencia y la tecnología” nos hace pensar más bien en la persistencia actual de los saberes de los ancestros de nuestra ciencia y tecnología: los saberes de los babilonios, los griegos y romanos, cuando la intención de los organizadores – claro está – ha sido que yo hablase, en este evento de las universidades amazónicas, de la relación entre los saberes ancestrales amazónicos y la ciencia y tecnología.

 El interés de la ciencia y tecnología por el saber ancestral, llamado también conocimiento tradicional y conocimiento indígena, ha crecido en los últimos años, y eso hasta tal punto que rescatar el saber ancestral se ha vuelto un tema de investigación y de proyectos de moda. Esta evolución valorizante de nuestra mirada sobre los conocimientos populares, bosquesinos amazónicos se debe a, por lo menos, dos factores.

 En primer lugar, con la profundización de los estudios de los ecosistemas del bosque tropical amazónico en los últimos 40 años se difundió en amplia escala el reconocimiento del alto grado de biodiversidad existente en estos ecosistemas y de la riqueza extraordinaria de ellos en especies de plantas y animales cuyas propiedades y usos eran más conocidos por los pobladores bosquesinos que por los investigadores científicos; por esta razón, el conocimiento indígena de las especies empezó a servir de guía para orientar las investigaciones médicas, químicas o farmacológicas hacia aquellas especies cuyo uso indígena sustentaba de antemano una hipótesis sobre sus virtudes curativas. Incumbía, entonces, a la ciencia la tarea de verificar la hipótesis derivada del conocimiento indígena y de precisar los agentes químicos de la eficiencia curativa en el marco de relaciones causales.

En segundo lugar, observamos que una serie de estudios antropológicos dedicados a las formas de adaptación del hombre amazónico al bosque tropical han puesto en evidencia que la supuesta “primitividad” de los medios de trabajo y técnicas de producción (en la caza, pesca, horticultura y artesanía) era en realidad un arte de vivir sofisticado y con abundancia en un medio natural – el bosque y las aguas – que se caracteriza por su pobreza en nutrientes minerales en el suelo y el agua (un medio oligotrófico), la fragilidad de sus ecosistemas que, una vez destruidos, se regeneran con dificultad o nunca, la gran variedad y dispersión de los recursos naturales que, una vez depredados en un área de habitación, incitaba a la gente de migrar a otro sitio forestal, por lo que se habla de un semi-nomadismo tradicional de los pueblos autóctonos amazónicos. Comparando este arte de vivir indígena, adaptado al bosque por no destruirlo sino permitir siempre su regeneración natural, con las intervenciones de los colonos, hacendados y ganaderos, de los extractores a escala industrial: los pescadores con redes y congeladoras, los madereros con tractores y luego los petroleros y mineros con la secuela de su contaminación ambiental, se empezó paulatinamente a atribuir méritos ecológicos al conocimiento y la tecnología indígenas y a interesarse por ellos con el afán de comprender más íntimamente los fundamentos sociales y culturales de esta adaptación exitosa con mínimo impacto sobre el medio natural, preservadora de los recursos naturales y de su potencial de regeneración y, a pesar del nivel material modesto, procuradora de bienestar social y personal. [...]


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