Identidades Amazónicas, identidades idealistas e identidades realistas

publicado a la‎(s)‎ 6 ago. 2014 12:31 por Administrador Sociedad Bosquesina   [ actualizado el 10 ago. 2016 21:31 ]
Pueblos indígenas y desarrollo sostenible. Lima,  UNMSM y Universidad de Saskatchwan (EEUU.). No 2, julio 2008.
Cuando mi colega de trabajo en el IIAP, Luis Gutierrez, me propuso participar en el presente foro-taller y exponer sobre “identidad amazónica”, tuve en seguida un reparo a esta propuesta que me hizo vacilar en aceptarla.

¿Porqué? — Hablar de “identidad” se ha vuelto una moda, una rutina retórica, y, generalmente, se suele usar este término sin la debida precaución. ¿Puedo yo hablar de la identidad de otra persona? Siempre me ha parecido que hacerlo es pretender encerrar al otro, de cuya identidad hablo, en un círculo de palabras, reducirlo a un conjunto de ideas mías, y, desde luego, limitar al otro a mi esquema interpretativo para, luego, poder actuar frente a él con esta imagen limitada que me he hecho de él. Querer definir la identidad de otro (p.ej. el indígena, el mestizo, el chino, el colombiano etc.) implica siempre una pretensión de reducir al otro a una serie de ideas simples, generalmente llenas de prejuicios y no respetar la infinita variedad de sus conductas que manifiesta su ejercicio de la libertad humana. En este sentido, se puede decir que querer definir la identidad de otro es una acción abusiva por ser contraria al respeto de la libertad. Por consecuencia, aplicando este principio a mi propia persona, debo reconocer que yo, como ciudadano extranjero, no puedo arrogarme el derecho de definir la ”identidad amazónica”. Lo que, a lo sumo, puedo permitirme es debatir sobre el valor del concepto de “identidad” y sobre sus bases reales. Eso es lo que empecé hacer, hablando hoy, y lo que seguiré haciendo en mi exposición.

 La situación es distinta cuando yo pretendo hablar de mi propia identidad para decir quién soy yo — a mi modo de ver. A esta iniciativa no hay nada que objetar, pues soy responsable de mis palabras y de sus consecuencias. Mi interlocutor puede creerme, aceptar mi discurso, o dudar de él y rechazarlo. Si afirmo me identidad, tengo que aceptar que los “otros”, frente a los cuales precisamente me defino como diferente, me contestan, me critican, están en desacuerdo y me obligan a un mayor realismo en mis propias definiciones. Tal proceso es saludable, pues me obliga a bajar de mi idealismo e de mis ilusiones personales y adoptar una visión más crítica y realista de mi mismo. [...]


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